Animado por las miles de cartas recibidas tras la publicación en este blog de la entrada los “Mingorance vs Yáñez, amenazo ahora con el inicio de una serie de relatos de infancia que espero os resulten entretenidos. Muchos de ellos tienen como protagonista al primo (casi hermano para mí) Pablo. Bien es sabido que durante años constituimos una pareja seudo siamesa, fuente inagotable de anécdotas que dejan a zipi y zape a la altura del betún. Aquellos interminables veranos de tres meses en Rota daban para mucho a la edad de 10-11 años y tan pronto despertábamos de nuestras 14 horas diarias de sueño nos disponíamos a idear alguna gran aventura. Eran siempre acciones premeditadas que como iré describiendo en sucesivos relatos a punto estuvieron en no pocas ocasiones de provocar grandes estragos en “Virgen del Mar”. Pablo y yo teníamos formalmente constituida una sociedad altamente secreta denominada “La PAJO”. Sí ya sé que el nombre no era bonito pero reunía en una sola palabra la esencia de la organización (PAblo y JOse). Incluso disponíamos de un eslogan; “LA PAJO ASTÚA, que expresaba bien a las claras que nuestra sociedad no estaba concebida para el estudio o la teórica sino que fue creada más como un servicio de inteligencia en tiempos de guerra fría. Como toda organización secreta que se precie, necesitábamos medios de transporte acordes con la importancia de nuestras misiones. Cansados ya de las “BH” acordamos destinar nuestros exiguos fondos reservados recaudados con toda clase de oscuros negocios, a la compra de una nave con capacidad de despliegue rápido de tropas. Hemos de recordar que en aquellos años la tecnología punta en materia armamentística consistía en nuestros matamoscas, especie de engendros que fabricábamos a partir de un palo con una puntilla en un extremo y una pinza de la ropa atornillada en el otro. Entre ambos dispositivos estirábamos una gomilla de la ropa de forma que al apretar la pinza liberábamos la gomilla que era desplazada hacia el objetivo. Dada la dificultad de acertar a un insecto en vuelo con semejante engendro, el artilugio se usaba habitualmente apuntando a los ojos del enemigo de los países limítrofes (San Alberto). Por no hablar de los “nunchacos”; se cortaba un palo redondo de escoba en dos trozos de unos 20 cm. cada uno que se unían por una cadena comprada en LLUYOT. A partir de ahí todo era cuestión de practicar determinadas maniobras “ninja” y rezar para que los golpes autopropinados no dejaran marca. Aquel instrumento diabólico era capaz de convertir a un futuro tenor alto en mezzosoprano. Verdaderamente era más peligroso que una merienda cena con los McCann. Qué distinta era aquella infancia comparándola con los niños de ahora. Montábamos en bicicleta por la carretera sin casco ni coderas, nos bañábamos solos hasta la puesta de sol, nos peleábamos con otros niños sin quejarnos luego a nuestros padres y todo eso ... ¡¡¡ sin móvil !!!. Como iba diciendo, La PAJO en reunión sumaria decidió adquirir un transporte marítimo, por lo que nos dispusimos a comprar “una goma”. Para los lectores más jóvenes diré que la goma es el antepasado de la tabla de surf y consistía básicamente en una cámara negra de neumático de camión a modo de flotador gigante. El único problema era la peligrosa válvula, un trozo de hierro en forma de “L” que sobresalía no menos de 10 cms. de la goma y que en los habituales revolcones en la zona de rompeolas solía clavarse sistemáticamente en el costillar de la marinería. Riete tú del actual control de calidad de los juguetes. Tras una tarde de baños con la goma el cuerpo quedaba con más señales que Mel Gibson en La Pasión de Cristo. La citada adquisición costaba la escalofriante cifra de 20 duros y tras la búsqueda por numerosos “astilleros” fuimos a encontrarla en el taller de reparaciones “El Portugués” cercano al muelle antiguo. Tras apalabrar el trato en duro regateo con aquel pirata de manos engrasadas, Pablo y yo nos dispusimos a conseguir financiación por los medios habituales; vendiendo algo a otros niños o directamente aumentando la deuda externa solicitando un préstamo al Banco Mundial (nuestros padres). Sin embargo en el camino de vuelta nos encontramos a nuestro querido primo José Manuel Soto más conocido por “el Soto”, que veraneaba por aquel entonces más allá del telón de acero, es decir en el “rompeolas”. He de reconocer que para ser una sociedad secreta el control de información no era muy fiable en La PAJO. Enseguida nos fuimos del pico y contamos nuestro proyecto marítimo a José Manuel que se mostró tan poco interesado en nuestras actividades como de costumbre. Al día siguiente una vez proveídos de los fondos necesarios volvimos al taller del Portugués, una especie de cutre-local en el que se amontonaban las herramientas y los neumáticos y algún desvencijado “cuatro latas” pendiente de reparación. Cual sería nuestra sorpresa cuando al intentar cerrar el trato el Portugués nos informa que esa misma mañana a primera hora otro niño había adquirido nuestro preciado buque. Inmediatamente nuestro servicio de inteligencia se puso a atar cabos y tras importantes pesquisas confirmamos la tragedia; el Soto nos había birlado la goma. De nada sirvieron las gestiones diplomáticas (a través de la Tía Esperanza), la traición se había consumado. Sí, el mismo primo que ahora contribuye a este Blog tiene un pasado oscuro. He de reconocer que aún después de tantos años, hay días que me levanto ofuscado por aquella ignominia en la que La PAJO hizo el primo (nunca mejor dicho), pero tras años de terapia creo que casi he perdonado a José Manuel. Por suerte días más tarde en los astilleros “Penche” y por enchufe en el servicio de recogida de basuras de Sevilla donde abundaban los camiones, pudimos encontrar nuestra flamante goma con la que surcar los procelosos mares de nuestra infancia .... CONTINUARÁ. José María L. Y. |
09 noviembre, 2007
RELATOS DE INFANCIA (I) . LA PAJO CONTRA EL DOCTOR NO
Publicado por
Ñañe - Yáñez
el
viernes, noviembre 09, 2007
Etiquetas: Historias_y_batallitas_Yáñez, Jose_María_López_Yáñez, La_PAJO, Pablo_Yáñez, Rota
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2 comentarios:
Me alegro, primo ñañe, que después de más de 30 años "casi" hayas superado ese trauma de la infancia. Pero !vaya lo que te está costando¡.
Por mi parte te diré que pasé unos momentos inolvidables en la playa surfeando con aquella goma, por lo que no puedo sentir ningún arrepentimiento, más bien al contrario; agradezco sinceramente haber obtenido gracias a la PAJO esa información privilegiada.
Sin embargo te diré que no sabía que tenía una deuda pendiente y ya que lo sé, ahora mismo voy a consultar la página web de Firestone para bajarme el catálogo y mandártelo por correo. Puedes elegir el modelo que prefieras.
Hace poco estuvimos en Rota y me quedé sorprendido al ver el taller del portugués !abierto¡.
Ya no estaban ni la suciedad del tallercito que recordaba, al que iba con mi bici para inflar las ruedas con una bimba que era casi más grande que yo; ni la pestilencia que producían los vertidos de las aguas fecales que desaguaban por esa parte del pueblo. Ahora había un puerto deportivo que nada tiene que ver con el muelle en el que Juan, el barquero, nos llevaba en contadas ocasiones al Tere.
Tampoco estaba ese niño que vivía en "el Tubo" y que bajaba a la playa por el Rompeolas con una Goma obtenida con una "traición".
Al margen de los reproches guardados luengos años en los recovecos de los recuerdos y que han aflorado con esta entrada, quisiera profundizar en el lema o slogan de la PAJO.
Quiero rememorar que cuando se advertía de la inminente entrada en acción de la PAJO no solamente se afirmaba con rotundidad eso de la PAJO astúa sino que inmediatamente se tarareaba una especie de melodía heróica con una letrilla a modo de tatatachán chan chaaaan, y que cambiaba según el intérprete y la ocasión.
Tengo grabado a Pablo Yañez alentando a su socio en el Tubo y ejecutando de manera sublime la mejor llamada épica a la acción de la PAJO.
Quisiera que el autor de esas notas me dijera si esta cantinela de la PAJO era propia o estaba tomada de alguna pelicula de MACISTE.
Gracias
Rafa
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